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El mazamorreo: un oficio que ayudó a fundar pueblos enteros en Antioquia y aún late en sus ríos, ¿Cuál es su labor?

Entre junio y agosto, cientos de barequeros reviven una práctica colonial que ayudó a fundar pueblos enteros en Antioquia.

Fotos: JULIO CÉSAR HERRERA ECHEVERRY

Fotos: JULIO CÉSAR HERRERA ECHEVERRY

El mazamorreo, oficio también llamado barequeo o minería de subsistencia, sobrevive desde los tiempos coloniales. En este, no hay maquinaria, solo técnica, astucia y la esperanza de que cada giro de la batea revele un destello dorado.


Cada año, cuando el calor aprieta y los ríos bajan su caudal, regresan los mazamorreros a las orillas del Cauca. Entre junio y agosto, en lugares como Puente Iglesias, Bolombolo o La Pintada, la escena se repite: hombres inclinados sobre el agua, girando bateas con paciencia milimétrica, en busca de polvo de oro.



El río como sustento y como herencia

A orillas del río Cauca, en Fredonia, los mazamorreros experimentados giran sus bateas de cedro colorado con movimientos circulares. Con el vaivén del agua, la arena y la gravilla se separan poco a poco hasta que, finalmente, un pequeño brillo justifica la jornada.


Ese polvillo dorado puede convertirse en el jornal del día, con un valor que podría alcanzar los 200.000 pesos, dependiendo de la suerte.


La meta diaria es obtener medio castellano, equivalente a unos ocho riales. Cada rial puede pagarse hasta en 70.000 pesos.


Este tipo de minería artesanal, aunque marginal frente a la explotación a gran escala, representa más del 40 % del barequeo registrado oficialmente en Colombia, con Antioquia como epicentro.


Foto: JULIO CÉSAR HERRERA ECHEVERRY

Pero los mazamorreros no solo buscan oro. Encarnan una tradición que tejió parte del ADN antioqueño. Según el geógrafo Robert West, el término “mazamorra” en la Colonia hacía referencia a los residuos de arena que quedaban tras lavar el oro con canalones, y que eran reexaminados por negros e indígenas libres para extraer las últimas partículas.


Una historia de libertad, resistencia y fundación

Durante los siglos XVII y XVIII, la minería fue el corazón de la economía en Antioquia. Pueblos como Cáceres, Zaragoza, Remedios y Santa Fe de Antioquia crecieron alrededor del oro. Aunque con el tiempo surgieron colonias agrícolas, el oro seguía siendo el eje central de la vida económica.


En este contexto, los mazamorreros jugaron un papel crucial. A diferencia de los esclavistas que controlaban cuadrillas de minería, estos trabajadores libres encontraron en el río no solo una fuente de sustento, sino un espacio para construir identidad y autonomía. Así lo documenta la historiadora Lucely Villegas en su investigación sobre la población negra libre entre 1770 y 1820.


A medida que desplazaban los sistemas esclavistas, también abrían nuevas rutas de colonización. Se movían constantemente en busca de tierras, minas y oportunidades. Este desplazamiento no respondía siempre al agotamiento del oro, sino a la búsqueda de condiciones más favorables, menos exigentes en inversión y técnica.


El oro fino queda visible sobre la superficie metálica y se prepara para guardarse en pequeñas bolsas plásticas. Se asegura con doble bolsa y doble nudo para evitar la pérdida de incluso la partícula más mínima. Foto: JULIO CÉSAR HERRERA ECHEVERRY

Sus herramientas eran simples: bateas, totumas y canalones. Su técnica, ingeniosa. El verano, cuando el nivel del agua desciende, es la temporada propicia. Entonces, los mazamorreros se lanzaban a ríos y quebradas para recoger el oro oculto en el fondo.


Algunos desviaban cauces con acequias para facilitar la extracción; otros tejían redes comerciales que conectaban sus hallazgos con otras regiones del país. Así, impulsaron no solo la economía, sino también la formación de pueblos y ciudades.


El mazamorreo: una economía que aún brilla

Hoy, el oficio se ve pequeño desde la distancia, pero representa una alternativa económica real para cientos de personas. En lugar de trabajos agrícolas mal remunerados o empleos informales inestables, el mazamorreo ofrece ingresos superiores, aunque inciertos y ligados al riesgo físico del río.


Como señala el economista Alejandro Arbeláez, en Antioquia resultaba más rentable ser mazamorrero independiente que aparcero en un latifundio. Esa lógica aún persiste.


Foto: JULIO CÉSAR HERRERA ECHEVERRY

A orillas del río Cauca, las personas que desempeñan esta labor del mazamorrero preparan con cuidado el oro recogido durante la jornada. Lo hacen con rapidez y destreza, fruto de una técnica que aprendieron, de generación en generación y que ahora dominan con la precisión de un oficio convertido en arte heredado, que aún persistente.


Parte de la información presentada en esta nota se basa en hallazgos de una investigación realizada por El Colombiano, medio que ha abordado en profundidad el papel del mazamorreo en la historia antioqueña.


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