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El curioso caso del dentista de Barbosa, Antioquia, que se autoproclamó papa y se hizo llamar Pedro II

En Barbosa, Antioquia, un odontólogo convirtió su consultorio en el “Vaticano II” y atrajo incluso a presidentes curiosos por su historia.

Antonio José Hurtado salía durante las celebraciones de Navidad a dar bendiciones vestido con la sotana blanca que identifica al sumo pontífice romano. Fotos: viajarenverano - Alcaldía de Barbosa

Antonio José Hurtado salía durante las celebraciones de Navidad a dar bendiciones vestido con la sotana blanca que identifica al sumo pontífice romano. Fotos: viajarenverano - Alcaldía de Barbosa

El papa que nunca estuvo en Roma

En 1939, cuando el mundo católico esperaba la elección de un nuevo pontífice tras la muerte de Pío XI, en Barbosa, Antioquia, un dentista llamado Antonio José Hurtado sorprendió a su comunidad con un anuncio insólito: se autoproclamó papa bajo el nombre de Pedro II.



Lo que comenzó como un gesto extravagante pronto se convirtió en un fenómeno local que atrajo la atención de la Iglesia, de la prensa y de políticos nacionales. En un consultorio improvisado, Hurtado ejerció su doble oficio: extraía muelas durante el día y, al mismo tiempo, impartía bendiciones vestido con sotana blanca.


“Fue una figura muy llamativa de la historia de nosotros. Porque somos el único municipio de Colombia que tuvo un papa, aunque fuera de mentiras”, explicó a BBC Mundo Francisco Restrepo Toro, historiador de la Casa de la Cultura de Barbosa.


Del telegrama al trono papal improvisado

El origen de su “papado” está ligado a un hecho histórico real. El 10 de febrero de 1939 murió Pío XI en Roma y, como dicta la tradición, el cardenal camarlengo debía coordinar el cónclave para elegir al nuevo sucesor. Hurtado, que había estudiado en un seminario antes de dedicarse a la odontología, decidió enviar telegramas al Vaticano presentándose como candidato.


Foto: ucatolicaluisamigo

Aunque nunca recibió respuesta, el dentista encontró un argumento legal: en la Iglesia católica, cualquier laico puede ser nombrado cardenal y, eventualmente, llegar a ser papa. Esa posibilidad, sumada a su entusiasmo religioso, lo llevó a proclamarse sucesor de San Pedro.


Con 47 años, dejó atrás su nombre y adoptó el título de Pedro II, un apelativo inédito porque en la tradición eclesiástica nunca se ha repetido el de Pedro, en respeto al primer pontífice.


En su propio consultorio, bautizado como Vaticano II, remodeló su silla odontológica para convertirla en un trono papal. Allí recibía a fieles y curiosos que buscaban verlo, escucharlo hablar en latín o recibir sus bendiciones.


Entre seguidores y excomuniones

El impacto fue inmediato. Según relató su sobrina Ana Ofelia Gómez al diario El Tiempo en 2005: “Mucha gente lo veía como un loquito, pero se formaban largas filas de campesinos para verlo. Él los recibía y les hablaba en latín. A mí me pagaba 50 centavos por día”.


No solo campesinos lo visitaron. “Por Pedro II muchas personas distinguidas, incluso hasta presidentes de Colombia, visitaron Barbosa”, recordó el historiador Restrepo.



El fenómeno, sin embargo, incomodó a la jerarquía católica. La curia local lo excomulgó en 1939 y repitió la sanción en 1944, advirtiendo a sus seguidores que correrían la misma suerte si lo reconocían como pontífice. Pese a las amenazas, Hurtado continuó con sus prácticas religiosas y sociales en la comunidad.


El final del “papa” colombiano

Con el paso de los años, el dentista de Barbosa bajó el tono frente a la Iglesia y volvió a practicar como católico, aunque nunca renunció a su título de Pedro II. Planeó su propia muerte como lo haría un pontífice en Roma: ordenó fabricar un ataúd sencillo de pino y redactó un testamento en el que legaba su improvisado trono a los museos vaticanos.


El 13 de mayo de 1955, después de entregar alimentos a familias de su municipio, sufrió un colapso en la calle a causa de la diabetes. Murió sin sucesores y dejando tras de sí un legado curioso, mezcla de fe, excentricidad y tradición oral.


Foto: ucatolicaluisamigo

Hoy, en la Casa de la Cultura de Barbosa, todavía se conserva la silla que convirtió en trono papal, testimonio tangible de una historia única que combina religión, política y folclor colombiano.


En Roma, mientras tanto, Pío XII continuó su papado hasta 1958, quizá sin saber que, al otro lado del Atlántico, un dentista colombiano había reclamado para sí el mismo título sagrado.


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