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El brillo de los 2000 está de regreso: así es el “bedazzling”, la tendencia que vuelve a llenar todo de cristales

Cristales y strass invaden la moda, accesorios y uñas en un renacimiento Y2K impulsado por celebridades como Kylie Jenner.

Fotos: Getty - Pinterest

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El universo de la moda y la belleza ha experimentado un giro radical hacia la maximalización estética, dejando atrás los largos años de predominio del minimalismo y el lujo silencioso. La tendencia conocida como "bedazzling" se ha convertido en la nueva obsesión global, copando sectores tan diversos como la indumentaria, los complementos y el diseño de imagen personal. El término, derivado del inglés bedazzle (deslumbrar), hace referencia a la práctica de intervenir objetos, prendas o superficies cubriéndolos por completo con pequeños cristales, gemas, strass y aplicaciones brillantes.


La viralización definitiva de esta estética se catapultó recientemente a raíz de la celebración del cumpleaños número 29 de la empresaria e influencer estadounidense Kylie Jenner, cuya fiesta temática rosa incluyó tortas, vasos y detalles decorativos completamente revestidos de pedrería. Las imágenes compartidas en redes sociales funcionaron como el detonante para que este recurso visual pasara de ser un guiño nostálgico a ocupar el centro de la conversación digital en plataformas como Instagram y TikTok, marcando la pauta de consumo para la temporada.



El bedazzling: raíces en los 2000 y el retorno del maximalismo

Si bien figuras contemporáneas como Kylie Jenner han sabido capitalizar la tendencia en el entorno digital actual, el fenómeno no representa una innovación absoluta. La fascinación por adherir brillo a accesorios y prendas posee un anclaje profundo en la estética de finales de los años 90 y, sobre todo, en la primera década de los dos mil.



Durante aquella época dominada por referentes de la cultura pop como Paris Hilton, Britney Spears, Christina Aguilera y Mariah Carey, la regla imperante en la industria dictaba que cualquier elemento susceptible de llevar pedrería debía incluirla. En esos años era habitual el uso de jeans con aplicaciones de strass, teléfonos móviles personalizados y carteras llamativas, apoyados incluso en herramientas caseras de aplicación masiva como el dispositivo comercializado bajo el nombre de Bedazzler. La actual recuperación de estos códigos responde a una reactivación general de la estética Y2K, aunque reinterpretada por las nuevas generaciones con un enfoque amplificado que abarca desde la personalización artesanal hasta la producción de contenido audiovisual.


Del accesorio cotidiano al universo de la belleza

La versatilidad de esta corriente estética ha permitido su rápida expansión más allá de la indumentaria tradicional, adaptándose a objetos de uso diario y al sector del cuidado personal. En la actualidad, la lógica del bedazzling se aplica tanto a la customización de carteras, botellas, espejos y envases de cosméticos como a las tendencias de manicura avanzada, conocidas en el sector como gemstone nails.


En el ámbito de la belleza, artistas de la talla de Dua Lipa y Sabrina Carpenter han contribuido a popularizar el uso de aplicaciones de cristales incrustados sobre las uñas —desde diseños discretos con bases neutras hasta configuraciones complejas de pedrería— así como el retorno de los accesorios adhesivos para el rostro y el cuerpo (body gems). Esta integración demuestra cómo la tendencia combina manualidad, diseño y la búsqueda constante de impacto visual en redes sociales, consolidando un estilo donde la premisa fundamental vuelve a ser la acumulación de brillo y color.


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