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De ciénagas y monte a uno de los barrios más famosos de Medellín: así nació Laureles

La revista internacional Time Out eligió a este sector como el barrio más "cool" del mundo por su ambiente relajado. Descubra su origen.

Fotos: colombiamove - ifobae - Redes Sociales

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El barrio Laureles, ubicado en el occidente de Medellín, se ha consolidado como uno de los sectores más atractivos y reconocidos a nivel global.


Sin embargo, los orígenes de este trazado urbano distan mucho de la imagen cosmopolita que proyecta hoy. La transformación de esta área, es el resultado de una planificación meticulosa iniciada en la década de 1940.



Este desarrollo de Laureles rompió con los esquemas y sentó las bases de lo que hoy conocemos como la Comuna 11 de Medellín. Un territorio conformado por catorce barrios que en conjunto suman 83 años de historia.


A comienzos de la década de 1940, la configuración territorial de Medellín era más reducida y comenzaba su proceso de expansión hacia el sector occidental. Según los registros el terreno que actualmente ocupa el sector de Laureles era un vasto espacio casi despoblado, conocido popularmente como "Otra Banda".


La geografía y las condiciones del terreno eran inhóspitas. En el área predominaban las ciénagas, la vegetación silvestre y el monte. Adicionalmente, el lugar albergaba una gran cantidad de árboles de laurel falso, especie botánica de la cual se derivó el nombre oficial que el barrio conserva hasta nuestros días.


El impulso de la Universidad Pontificia Bolivariana en Laureles

De acuerdo con los relatos documentados por el investigador y académico paisa Memo Ángel, las condiciones de aislamiento de la "Otra Banda" eran tales, que el sitio se convirtió en un refugio clandestino. El investigador señala que Laureles era una zona tan apartada que servía de escondite para individuos que huían tras cometer hurtos menores, como el robo de gallinas o vacas en las fincas aledañas.


El cambio de paradigma para este territorio marginal comenzó a gestarse con la edificación de una institución educativa en sus inmediaciones. Muy cerca de aquellos terrenos agrestes, había comenzado a construirse la sede de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB). El establecimiento de este campus universitario fue el factor clave e impulsor para empezar a transformar toda la dinámica de la zona occidental.


Al observar el desarrollo de la infraestructura educativa, la cooperativa de empleados de la época identificó una oportunidad estratégica de expansión habitacional. El objetivo principal era crear en ese mismo sitio un barrio destinado a los trabajadores de las empresas textiles, una industria que en ese preciso momento histórico experimentaba un crecimiento exponencial en la economía local.


No obstante, los promotores del proyecto tenían una visión clara: no querían construir un barrio genérico o igual a los desarrollos habitacionales ya existentes. Su propósito era imaginar y materializar una manera completamente distinta de habitar la ciudad, priorizando el bienestar y la calidad de vida de los futuros residentes obreros y profesionales.


Pedro Nel Gómez y el modelo de Ciudad Jardín

Para materializar esta visión innovadora, el encargado de diseñar el trazado del nuevo barrio fue Pedro Nel Gómez. Reconocido históricamente como uno de los artistas, muralistas y arquitectos más influyentes del siglo XX en Colombia, Gómez aplicó sus conocimientos técnicos para legar una de sus obras más grandes al patrimonio urbanístico de la ciudad.



En el año 1943, el arquitecto trazó y presentó los primeros planos oficiales. La propuesta de diseño representó una ruptura total con la norma urbana. Históricamente, las ciudades colombianas se diseñaban siguiendo las cuadrículas y calles rectas heredadas de la tradición colonial española. El diseño implementado desafió este modelo cuadriculado al inspirarse directamente en el concepto urbanístico de la Ciudad Jardín.


Este modelo consistía en concebir un entorno habitacional donde la naturaleza y la infraestructura convivieran en equilibrio. El proyecto incluyó la conservación y siembra planificada de árboles, la distribución de espacios públicos amplios, el trazado de calles curvas y la creación de avenidas circulares alrededor del campus universitario. La intención de este trazado curvo era reducir la velocidad del tráfico vehicular y generar lugares tranquilos donde las familias pudieran caminar y criar a sus hijos con seguridad.


Con el paso de las décadas, el núcleo residencial creció sostenidamente alrededor del eje de la universidad y se conectó mediante nuevas avenidas transversales con otros sectores del occidente.


Hoy en día, la zona evidencia cómo un terreno pantanoso logró transformarse en un referente urbano, manteniendo la esencia verde y las curvas pacíficas que su creador plasmó en los planos originales.



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