De 1.400 mujeres, solo 20 lo lograron: ella es la antioqueña que a sus 27 años ya es ingeniera aeronáutica y piloto comercial
Manuela Montoya convirtió la curiosidad de niña por los aviones en una carrera como ingeniera aeronáutica y piloto comercial

No te pierdas Inversas, los jueves a las 9:30 p.m. Cortesía: Teleantioquia
Desde niña, Manuela Montoya veía pasar los aviones sobre su colegio y sentía curiosidad por entender cómo podían mantenerse en el aire. A sus 27 años, aquella pregunta se convirtió en una profesión: es ingeniera aeronáutica, magíster en ingeniería, docente universitaria y piloto comercial.
Su historia hace parte de Inversas, la serie de Teleantioquia que en su segunda temporada presenta a mujeres que han encontrado diferentes caminos para transformar sus vidas y sus entornos.
De estudiar aviones a aprender a volarlos
Manuela estudió Ingeniería Aeronáutica y durante su formación participó en proyectos relacionados con el diseño de aeronaves. También hizo parte de un equipo que construyó un avión biplano para una competencia universitaria.
Durante su maestría en EAFIT participó además en el desarrollo de una embarcación electro solar, un proyecto enfocado en movilidad sostenible y energías renovables. Para ella, trabajar en este campo representa una manera de aportar a una relación más amigable con el medioambiente.
La beca que le abrió las puertas de la aviación
Aunque desde que estudiaba ingeniería había imaginado lo interesante que sería volar un avión, Manuela no pensaba necesariamente convertirse en piloto. La oportunidad apareció cuando encontró una convocatoria de Avianca para su programa de becas ‘El cielo es de ellas’.
El proceso de selección duró entre seis y siete meses y tuvo cerca de 1.400 mujeres postuladas en todo el país. Finalmente, fueron seleccionadas 20. En Medellín, Manuela hizo parte del grupo que comenzó su formación como piloto comercial.
También tuvo que aprender a confiar antes de ser piloto comercial
El camino para convertirse en piloto no estuvo libre de dificultades. Durante sus primeros vuelos tuvo experiencias que la hicieron cuestionarse si realmente quería continuar. El proceso de presolo, la etapa de formación que ocurre antes del primer vuelo que un estudiante realiza solo, sin instructor a bordo, fue especialmente difícil y llegó a preguntarse si era capaz de dedicarse a volar.
Con el tiempo, encontró en esa experiencia una enseñanza que también llevó a su vida personal: no tiene que ser perfecta para hacer bien las cosas. Manuela reconoce que su perfeccionismo la ha llevado a exigirse demasiado y que aprender a volar también le enseñó a soltar un poco el control.
Una mujer que quiere abrir camino para otras
Su historia también está atravesada por los desafíos que ha encontrado como mujer en espacios relacionados con la ingeniería y la aviación. Durante su maestría fue la única mujer en su grupo de investigación y recuerda situaciones en las que sintió que sus opiniones eran menos escuchadas.
Por eso, uno de sus deseos es que las niñas que sueñan con ser ingenieras o pilotos puedan encontrar referentes que les permitan imaginarse ocupando esos espacios. Manuela también espera convertirse en mentora y transmitir a otras mujeres parte de lo que aprendió de quienes la acompañaron en su camino.
Una historia que comenzó mirando al cielo
A los 27 años, Manuela no solo cumplió el sueño de aprender a volar. También construyó una trayectoria como ingeniera aeronáutica, investigadora y docente, mientras continúa explorando nuevos caminos dentro de la aviación.
Su historia es la de una mujer que convirtió la curiosidad de una niña que miraba aviones desde Medellín en una profesión y que ahora quiere que otras también puedan imaginarse llegando tan alto como quieran.
Conozca la historia completa de Manuela Montoya aquí: