“Creo que moriré haciendo música”: la historia del violinista que llena de melodías las calles del centro de Medellín
Este dúo recorre al son de la música el centro de Medellín. Conozca al violinista que hace del arte su pasión y propósito de vida.

Conozca esta historia del Centro de Medellín. Capturas de pantalla del capítulo.
En las calles del centro de Medellín nacen relatos, pasiones y talentos. Una de esas historias es la de Arley Hernández Pastrana, un músico que llegó a la ciudad con una convicción clara: hacer del arte una forma de vida.
Arley nació, se crió y se educó en Leticia, Amazonas. Su historia familiar habla de esa mezcla de territorios que atraviesa a Colombia: su madre es de Leticia y su padre, José Arley Hernández, es de Sonsón, Antioquia. Por la línea paterna, especialmente por su abuela, heredó una conexión con el arte que terminó marcando su camino.
Él mismo se define como un músico de pasión, corazón y vida. Por eso, al hablar de su oficio, resume su relación con la música en una frase contundente: “creo que moriré haciendo música”.
Un artista entre calles, melodías y transeúntes del centro de Medellín
En Medellín, Arley encontró un público que, según cuenta, ha sido clave para perder el miedo, crecer y compartir su talento en las calles. Para él, el antioqueño apoya el arte y disfruta que los artistas lleguen a transformar los espacios cotidianos de la ciudad.
Según la empresa Arpi, Medellín se ha consolidado como un centro musical en América Latina, con una infraestructura creciente para conciertos, eventos y espacios culturales. La ciudad recibe cerca de 2.500.000 visitantes al año interesados en conciertos, festivales y experiencias musicales.
Asimismo, esto se refleja en el centro de Medellín, ya que ahí convergen músicos, cantores, poetas y artistas en general. Por ejemplo, lugares como La Pascasia albergan artistas en escenarios independientes.
Akira, la compañera que reconoce una tonalidad
Pero la historia de Arley no se cuenta solo con su violín. Desde hace nueve años lo acompaña Akira, una perrita que se convirtió en su compañera de vida.
Él mismo asegura que Akira le ha enseñado sobre el amor, la paciencia y la gratitud. Es tanta su conexión que su vínculo llegó a la música: solo cuando él interpreta cierta melodía en sol mayor, Akira reacciona porque sabe que la jornada terminó.
Mientras toca su violín, Arley dice que encuentra sentido en alegrar a quienes pasan por la calle. Ver a una persona seria detenerse, escuchar y sonreír es parte de lo que lo impulsa a seguir.
El apoyo de su familia
Su padre José Arley Hernández recordó los esfuerzos que hizo en Leticia para sostenerlo y darle estudio. “Yo allá vendía de todo para sostenerlo”, afirmó entre lágrimas.
Para Arley, ese apoyo familiar explica buena parte de su camino. Por eso insiste en que el arte debe ser entendido como cultura y pasión.
En conclusión, el mayor escenario de la música en Medellín sigue siendo la calle. Sin duda alguna, la historia de Arley y Akira recuerda que el talento no siempre aparece bajo grandes luces: a veces basta una melodía, una esquina y alguien dispuesto a escuchar.
El centro de Medellín está lleno de historias como esta, no se pierda la mini serie Son de la Calle, por el canal de YouTube de Teleantioquia.
Puede ver el video completo aquí.