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Así fue la historia de la primera gata enviada al espacio: el experimento que sorprendió al mundo

En 1963, Félicette fue lanzada en un cohete francés que superó los 150 km de altura para estudiar cómo reacciona el cerebro en condiciones de ingravidez.

Foto: clarin - Redes Sociales

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En plena carrera espacial de la década de 1960, un experimento científico protagonizado por un animal captó la atención de la comunidad científica internacional. En 1963, una gata callejera llamada Félicette fue enviada al espacio por científicos franceses. El objetivo era estudiar cómo reaccionaba el cerebro en condiciones de ingravidez.


El lanzamiento se realizó el 18 de octubre de 1963 desde la base de pruebas de Hammaguir, en Argelia. Este territorio aún era utilizado por Francia para pruebas aeroespaciales—. Según registros del Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (CNES) y documentación histórica de programas espaciales franceses, el cohete alcanzó aproximadamente 157 kilómetros de altura. Superó la llamada línea de Kármán, considerada por muchos científicos como el límite del espacio.



Tras varios minutos de vuelo suborbital, la cápsula descendió mediante un paracaídas, permitiendo que Félicette regresara con vida a la Tierra. Durante el viaje, sensores conectados a su cerebro transmitieron información sobre su actividad neurológica en condiciones de microgravedad.


El experimento formó parte de una serie de investigaciones científicas. Estas buscaban comprender cómo reaccionan los seres vivos al abandonar temporalmente el campo gravitatorio terrestre, una pregunta clave en los primeros años de exploración espacial.


Foto: Clarin

La gata Félicette: El programa espacial francés y los experimentos con animales

Durante las primeras décadas de la exploración espacial, varios países realizaron experimentos con animales. La finalidad era analizar los efectos fisiológicos del vuelo espacial antes de enviar humanos. Estados Unidos y la Unión Soviética habían utilizado previamente monos, perros y otros animales en misiones experimentales.


Francia siguió un enfoque similar a través de un programa científico desarrollado por el Centre d’Enseignement et de Recherches de Médecine Aéronautique (CERMA). Esta institución se dedicada al estudio de la medicina aeroespacial. De acuerdo con investigaciones históricas publicadas por el CNES, los científicos franceses seleccionaron 14 gatos para estudiar sus respuestas neurológicas en condiciones de aceleración y microgravedad.


Los animales fueron entrenados para permanecer inmóviles durante pruebas en centrífugas y cámaras de simulación. El objetivo era obtener datos fiables sobre la actividad cerebral mediante electrodos implantados quirúrgicamente.


Entre los gatos seleccionados, la gata Félicette fue elegida para el lanzamiento final. Durante el vuelo suborbital, los instrumentos instalados en su cuerpo transmitieron señales en tiempo real. Esto permitió a los investigadores analizar cómo respondía su sistema nervioso al cambio de gravedad.


La cápsula que transportaba al animal fue recuperada aproximadamente 13 minutos después del lanzamiento, según documentos del programa espacial francés. El aterrizaje exitoso permitió recuperar los datos científicos registrados durante el experimento.


Un episodio poco conocido de la historia espacial

Aunque el envío de animales al espacio fue relativamente común en la década de 1950 y 1960, la historia de Félicette permaneció durante años poco difundida en comparación con otros casos más conocidos, como el de la perra Laika, enviada por la Unión Soviética en Sputnik 2 launch.


La misión francesa fue diferente en un aspecto clave: el vuelo fue suborbital, lo que significa que el cohete alcanzó el espacio pero no entró en órbita alrededor de la Tierra. Este tipo de trayectorias permite estudiar los efectos de la microgravedad durante un corto período de tiempo antes del regreso a la superficie.


De acuerdo con registros históricos del CNES y análisis académicos sobre experimentación biológica en la carrera espacial, el objetivo principal del proyecto era estudiar la actividad neuronal y las respuestas fisiológicas durante el vuelo, información que podía ser útil para futuros viajes espaciales tripulados.


La cifra de 157 kilómetros de altitud se obtiene a partir de los datos oficiales de la misión. Este número supera ampliamente la línea de Kármán (100 km), que la Federación Aeronáutica Internacional considera el límite convencional del espacio.


Foto: Clarin

Reconocimiento tardío a la gata Félicette

Durante décadas, la historia de Félicette recibió poca atención pública. Sin embargo, en los últimos años su papel en la investigación científica ha sido objeto de nuevas revisiones históricas.


En 2019, se inauguró una estatua en honor a Félicette en la International Space University, resultado de una campaña internacional que buscaba reconocer su contribución a la historia de la exploración espacial.


La iniciativa fue impulsada por historiadores y divulgadores científicos que consideraban que la gata francesa merecía un lugar en la memoria colectiva de la carrera espacial.


De acuerdo con información publicada por el CNES, los datos obtenidos durante estos experimentos ayudaron a ampliar el conocimiento sobre los efectos fisiológicos de la microgravedad, un campo que posteriormente sería fundamental para los vuelos espaciales tripulados.


Un capítulo científico de la carrera espacial

El caso de Félicette refleja cómo, durante los primeros años de exploración espacial, los científicos buscaban comprender los efectos del espacio en organismos vivos antes de enviar astronautas.


Estos estudios, realizados por distintas agencias espaciales, proporcionaron información clave sobre aspectos como la circulación sanguínea, la actividad cerebral y la adaptación del sistema nervioso a entornos de microgravedad.


Aunque las prácticas científicas y éticas han evolucionado desde entonces, los registros históricos muestran que estos experimentos fueron considerados en su momento una etapa importante dentro del desarrollo de la medicina aeroespacial.


Hoy, más de seis décadas después de aquel lanzamiento, la historia de Félicette continúa siendo un episodio singular dentro de la historia de la exploración espacial, recordando uno de los experimentos científicos menos conocidos de la carrera espacial del siglo XX.


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