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¿Al gigante también le da miedo? Nadie quería cobrar el último penal de Alemania

El pánico se apoderó de Alemania, donde las figuras se escondieron y fue un debutante quien cargó con la culpa de fallar el penal definitivo.

Decepcionante fue la actuación de Alemania durante los dieciseisavos de final del Mundial frente a Paraguay. Foto: AFP.

Decepcionante fue la actuación de Alemania durante los dieciseisavos de final del Mundial frente a Paraguay. Foto: AFP.

¡Cómo pandequeso maluco! Así se pasaron de uno a otro los jugadores de Alemania la responsabilidad y el tremendo pánico de cobrar el último penal frente a Paraguay, en una escena vergonzosa que terminó sepultando la clasificación a los octavos de final del Mundial 2026.


En el mítico estadio de Boston, el orgullo del tetracampeón del mundo se desmoronó por completo en la muerte súbita, destapando una crisis de liderazgo que hoy tiene indignado al fútbol mundial.



El categórico 4-3 desde el punto penal, rompió un invicto histórico de cuatro definiciones perfectas para los alemanes, pero lo que verdaderamente desató la furia de la prensa europea fue el pánico colectivo que se tomó al plantel.


Un video captado por la señal de TV encendieron el escándalo al revelar el instante exacto en el que los jugadores le dieron la espalda a la camiseta y ninguno de los jugadores de Alemania quería cobrar el último penal.


"¡¿O tú, León?!": el doble rechazo de Goretzka que desató el caos

La tensión se desbordó por completo cuando la serie quedó igualada tras los primeros cinco remates obligatorios del compromiso.


Con toda la responsabilidad encima, el capitán Joshua Kimmich recorrió angustiado el círculo central intentando armar la lista de los cobradores para los tiros a vida o muerte, topándose con un muro de miradas esquivas.


Kimmich intentó delegar primero el peso de la definición preguntándole al juvenil Nathaniel Brown si quería cobrar el octavo.


Fue en ese preciso instante cuando las cámaras captaron la vergonzosa escena en la que ninguno de los jugadores de Alemania se animaba a cobrar el penal más definitivo.


Kimmich miró fijamente al experimentado volante del Bayern Múnich y le lanzó la pregunta sin rodeos: "¿O tú, Leon?". La respuesta de Leon Goretzka dejó frío al cuerpo técnico; el mediocampista de 31 años infló las mejillas, desvió la mirada con nerviosismo y negó rotundamente con la cabeza, sepultando cualquier liderazgo.


El miedo se extendió rápidamente entre el resto de los jugadores elegibles que observaban la escena con el corazón en la boca.


Defensores y volantes como Waldemar Anton, Malick Thiaw y el propio Brown decidieron dar un paso al costado y rehusaron asumir la tremenda responsabilidad de ejecutar el sexto tiro de la tanda.


La cobardía colectiva obligó al capitán a reordenar a las patadas la planilla, enviando a Goretzka hasta el noveno puesto de la lista.


El sacrificio de Tah y el tiro a las nubes de la vergüenza


A falta de voluntarios, el único futbolista que se plantó con berraquera y dio el paso al frente para asumir el cobro definitivo fue el defensor central Jonathan Tah.


La alarmante realidad técnica que rodeaba la decisión es que el zaguero del Bayer Leverkusen jamás había ejecutado un solo penal en un compromiso oficial en toda su carrera profesional, cargando en sus hombros un peso que no le correspondía.


El destino en suelo norteamericano terminó siendo fatídico para los dirigidos por Julian Nagelsmann.


Sin la técnica necesaria para esas altural del partido, Tah metió un derechazo desastroso que mandó el balón directamente a volar por encima del travesaño, sirviéndole en bandeja de plata la gloria al paraguayo José Canale, quien no perdonó frente a Manuel Neuer para sellar el boleto de Paraguay a octavos de final del Mundial.


Las duras críticas no se hicieron esperar desde territorio aleman, donde el diario Bild y las leyendas del seleccionado tildaron la actitud de "papelón histórico".


Mientras Paraguay celebra una gesta que no conseguía desde hacía 16 años, la delegación de Alemania empaca las maletas de regreso a Berlín en medio del repudio generalizado, con un video demoledor que demostró que hasta a los gigantes les tiemblan las piernas cuando la historia se los demanda.


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